El aborto es legal en Argentina, regido por la Ley 27.610. Escribo eso y casi que me tiembla el pulso. Debe el lector saber que esa simple oración encierra mucho más que un par de palabras. Lleva la marca de una marea verde con horas y horas sin dormir, armando pancartas, editando videos, llenándose de glitter la cara. También resistiendo agresiones, perdiendo oportunidades laborales o incluso rompiendo vínculos personales. Pero el 30 de diciembre de 2020, nuestra historia cambió para siempre.

Ese día se legalizó la interrupción del embarazo en la Argentina. Ese día los senadores decidieron dejar de darle la espalda a una realidad que se les metía hasta en los bolsillos: que las mujeres abortamos y nos morimos cuando no lo hacemos en condiciones dignas. Se tomaron su tiempo, porque la legislación que regulaba anteriormente el acceso a este servicio de salud en el país, databa del año 1921. Pero un día, llegó la marea verde.

Fotografía por Melisa Trad Malmod

¿Qué dice la ley que impulsó la marea verde?

En Argentina el aborto es ahora legal, libre y gratuito hasta la semana 14 inclusive. También se permite cumplido ese plazo en los casos en los que el embarazo es producto de un abuso sexual o si existe un riesgo para la vida o la salud integral de la persona gestante.

Fotografía por Melisa Trad Malmod

En un país en el que no existía un acceso igualitario de todas las provincias a protocolos para la realización de abortos seguros y/o incluso a las pastillas requeridas para tal fin, la marea verde logró que hoy exista el deber de garantizar la práctica. Las mujeres pueden exigir este derecho tanto en los servicios públicos, como en las obras sociales y las entidades de medicina prepaga.

La República Argentina se suma así al selecto grupo de países que ya despenalizó el aborto en América Latina. Llega después de Cuba, Uruguay, Guyana y algunos estados de México. Siendo el país más grande de la región en reconocer este derecho de las mujeres, es inevitable que esto tenga sus repercusiones en el resto del continente.

¿Cómo nació la marea verde?

Ellos alzaron la mano para votar, pero las protagonistas fuimos nosotras. No fue una demanda novedosa ni una lucha que nació porque nosotras la nombramos, sino el resultado de décadas y décadas de mujeres feministas moviendo el mundo.

En 1986, las argentinas de todo el país decidieron empezar a reunirse. Tenían otras prioridades en la agenda, como la patria potestad compartida o el divorcio vincular. Pero fueron ellas las que sembraron la semilla. Desde entonces, el Encuentro Nacional de Mujeres es una tradición que nos convoca año a año para discutir las cosas que nos faltan y unirnos en un abrazo que nos recarga de energía para enfrentar este mundo hostil. No podía ser otro el lugar de nacimiento de la marea verde.

Si bien las consecuencias de un Estado ausente en materia de derechos sexuales y reproductivos estuvo siempre presente en la discusión, el boom llegó en el 2005. Fue en ese año que el Encuentro Nacional de Mujeres oficializó el lanzamiento de la "Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito". En esa antesala de la marea verde fue donde se condensaron las principales demandas con respecto a la necesidad de poder interrumpir un embarazo dónde y cuándo lo estimemos necesario.

Como parte de una historia larga y por momentos sin ninguna luz al final del túnel, la Campaña decidió emplear el pañuelo verde como uno de sus símbolos. El uso de un pañuelo no es casual. De alguna manera nos hermana con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que empezaron a usar un pañuelo blanco sobre sus cabezas a fines de los años ´70. Lo hacían cuando frente a la Casa de Gobierno, le exigían al gobierno militar de la última dictadura que les devolviera a sus hijos e hijas desaparecidas. Ese legado de las mujeres más fuertes que nos tocó conocer, fue la que hoy nos ata un pañuelo al cuerpo. Su uso masivo en todos los rincones del país -sobre todo desde el año 2018 cuando el debate también llegó al Congreso pero no se aprobó-, generó ese efecto de marea verde.

Fotografía por Melisa Trad Malmod

Nadie sabe a ciencia cierta quién le dio el nombre, pero lo único que tenemos claro es que representa muy bien lo que sentimos. Ya no somos un grupito de mujeres que sale a las calles: nos sentimos marea, marea verde.

¿Cuáles son los límites de la marea verde?

Dice un famoso cantante latinoamericano como Silvio Rodríguez: "Se ha prendido la hierba dentro del continente, las fronteras se besan y se ponen ardientes". ¿Podemos decir esto sobre la marea verde? Claro que sí. La marea verde no conoce de límites geográficos y eso es lo que la hace tan poderosa. Que desde la ciudad más austral de Argentina hasta la ciudad más al norte de México, el pañuelo verde tiene un significado que todes conocemos. Ese poder se construyó desde los cimientos.

El camino ha sido largo y áspero. Tuvo batallas legales, derrotas en el Congreso y acompañamientos a miles de abortos detrás de escena. Allí estuvieron Las Socorristas, que como su nombre lo indica, llegaron primero a todos esos lugares a los que nadie más llegaba. Pero también una conquista silenciosa de los territorios y batallas ganadas en lo cultural: que el nombre "misoprostol", por ejemplo, se esparciera desde nuestras canciones en las calles para que a nadie le quede duda sobre cómo abortamos y qué pastilla buscar aunque el Estado le quisiera borrar el nombre.

Fotografía por Melisa Trad Malmod

No está todo dicho: la ley es tan sólo el primer paso. La marea verde ahora tiene por delante cuidar que les "objetores de conciencia" no se conviertan en obstructores de un derecho. También trabajar con les profesionales de la salud para exigir un servicio humanizado, que el aborto sea realmente feminista. Nos queda atacar el estigma, que no se va de un día para el otro; y que ningún rincón del país quede olvidado mientras el foco está en las capitales.

Estuvimos, estamos y seguiremos estando. Porque, ¿quién puede detener una marea?

Bio de la persona autora:

Melisa Trad Malmod trabaja como consultora en Latinoamérica para Women First Digital. Periodista y corresponsal argentina, se especializa en conflictos internacionales; pero se define feminista y fan de Boca Juniors.